De notaría a templo del 'hip hop' pasó edificio de la avenida Caracas con calle 39
En la sede de la fundación es posible tomar cursos de 'breakdance' con integrantes del grupo musical Ayara y conseguir ropa, libros y discos acordes con esta manifestación cultural urbana.
Es el laboratorio de esta cultura urbana con medio millón de seguidores en la ciudad y liderada por la Fundación Ayara.
Un dato asombroso, pero cierto reveló en una calurosa mañana de viernes el doctor Popo: "En Bogotá hay 500 mil jóvenes pertenecientes a la movida del hip hop".
Popo es uno de los líderes de este movimiento, que en el último año se ha consolidado en todos los rincones de la ciudad, pero que tiene en las localidades de Suba, San Cristóbal y Ciudad Bolívar sus mayores fortines.
El Festival Hip Hop al Parque es un termómetro para medir la fuerza del movimiento. En la pasada edición, 100 mil jóvenes asistieron en los tres días de programación.
Desde los 12 años, Popo ha vivido entre los versos del rap, la plástica que compone los grafitis en paredes solitarias y la danza expresada en el breakdance. Ese es su mundo. El mismo que quiso representar convirtiendo una vieja notaría de Teusaquillo en la sede de la Fundación Ayara, un espacio que desde 1995 busca consolidar una cultura del hip hop centrada en la construcción de ciudad a través de la capacitación y la orientación a jóvenes enamorados del rap.
"Llevo 20 años en la consolidación del movimiento como una alternativa cultural, social y política. En este edificio no hay barreras. Son bienvenidos los jóvenes de todos los estratos", cuenta.
Territorio 'hopper'
El edificio tiene dos pisos. Su fachada es blanca y coronada con un letrero verde que dice: "La Familia Ayara: Hiphoppers colombianos cambiando al mundo", y que llama la atención de los antiguos usuarios de la notaría que quedaba allí.
En el primer piso se construyó una plataforma ajedrezada ideal para bailar breakdance y que el viernes pasado hizo las veces de tarima para la presentación de Choc Quib Town, los mismos que cantan el pegajoso verso: "Somos pacífico, estamos unidos, nos une la región, la pinta, la raza y el don del sabor...".
El lugar también cuenta con dos estudios de grabación para preparar a los nuevos talentos del género, además de salas de video y de edición de última tecnología.
Del umbral de la puerta principal sale la figura delgada de Diana Ortega, una guerrera de la vida que se dejó llevar por las letras urbanas y políticas del rap y que llegó a la Fundación Ayara hace más de 5 años.
"Conocí el rap por unos amigos del barrio Las Flores, de Suba. Desde ahí comencé con el trabajo social", explica Diana, encargada de 'enviciar' a los jóvenes bogotanos con el mundo del rap. De hecho, organiza talleres en la fundación con muchachos, que llevados por los problemas de la casa, pierden el rumbo de su existencia y se refugian en el alcohol y en las drogas.
"En estos espacios los 'pelaos' aprenden a rapear teniendo como fuente de inspiración una problemática de la sociedad. Así van liberando sus condenas, su realidad más oscura", dice Diana, como si estuviera cantando.
FABÍAN FORERO BARÓN
REDACTOR DE EL TIEMPO